Fernando Figueredo Socarrás

Patriota, Político  e Historiador

por Frank de Varona

Siempre es importante recordar a los patriotas cubanos que tanto se sacrificaron por alcanzar la independencia de Cuba.  Fernando Figueredo Socarrás fue un individuo que hizo grandes contribuciones a Cuba y Estados Unidos. Al mismo tiempo fue una de las figuras más importantes de la historia de Cuba del siglo XIX y principios del siglo XX.

Este insigne camagüeyano no sólo participó en el primer y último combate de la Guerra de los Diez Años y fue el delegado del Partido Revolucionario Cubano en Tampa durante la Guerra de 1895, sino que se convirtió en el primer cubano electo a la legislatura  estatal de Florida, primer alcalde cubano de los Estados Unidos, y primer cubano superintendente de escuelas de este país. Fue testigo de las dos guerras de independencia de Cuba y escribió varios libros de historia sobre estos conflictos.

Nacido en Puerto Príncipe, hoy en día llamado Camagüey, el 9 de febrero de 1846, Figueredo transcurrió su niñez en Bayamo. A los 18 años va con su familia a los Estados Unidos donde estudia en la Escuela de  Ingeniería de Troy en el estado de Nueva York. En este estado se hizo amigo de Teddy Rossevelt, quien le decía “Figue.”

En Troy recibe una carta de su padre que le comunica la rebeldía en Cuba contra España. Inmediatamente el joven de 22 años abandona sus estudios y regresa a Bayamo. Figueredo es nombrado Ayudante y Secretario de Carlos Manuel de Céspedes, que el 10 de octubre de 1868 había proclamado la independencia  de Cuba en su ingenio La Damajagua dándole la libertad a sus esclavos. El llamado Padre de la Patria después había atacado el pueblo de Yara, conocido como el Grito de Yara.

Junto a Céspedes participa en la captura y en la defensa de Bayamo y posteriormente en el incendio de esta ciudad, que sus habitantes prefirieron quemarla antes de rendirla al ejército español. Estos eventos llevan a Figueredo a publicar su primer libro de historia, La toma de Bayamo de 1893 donde rinde su testimonio de la primera gran batalla de la Guerra de los Diez Años que duró de 1868 a 1878.

Al conocer la muerte heroica de Céspedes en San Lorenzo al pie de la Sierra Maestra visita este lugar donde el Padre de la Patria fue acribillado a balazos. Figueredo continúa peleando valientemente en numerosos combates y al final de la guerra es ascendido al grado de coronel.

Acompañó al general Antonio Maceo a los Mangos de Baraguá a su famosa entrevista con el Capitán General de Cuba Arsenio Martínez Campos. Al final de la guerra parte el coronel Figueredo con su esposa Juanita Antúnez y su hijo, nacido en la manigua, hacia el exilio. En 1881 llega a Cayo Hueso o Key West.

Invitado a dar conferencias sobre la Guerra de los Diez Años por un grupo de damas cubanas llamadas “Hijas de la Libertad.” Figueredo da nueve conferencias de 1882 a 1885. Estas son publicadas en un libro llamado La revolución de Yara en la Habana en 1902. Diez años después Fernando Figueredo fue nombrado presidente de la Academia de Historia de Cuba. Y en ese mismo año, 1912, publica la biografía de José Dolores Poyo, amigo íntimo de Martí y uno de los dirigentes de movimiento independentista de Cayo Hueso.

Como Poyo, el coronel Figueredo ayuda a José Martí a recaudar fondos entre los tabacaleros de Cayo Hueso y de Tampa. José Martí se hospeda en la casa de Figueredo cuando visita Cayo Hueso.

Durante la Guerra de 1895, Figueredo quiso incorporarse al Ejército Libertador Cubano pero fue ordenado por José Martí a que sirviera al Partido Revolucionario Cubano desde la Florida. Figueredo recluta soldados, prepara expediciones a Cuba y recauda de $30,000 a $50,000 dólares al mes entre Tampa y Cayo Hueso. Este dinero se lo manda a Tomás Estrada Palma a Nueva York.

Fernando Figueredo durante los años de exilio  en la Florida se hace ciudadano de los Estados Unidos. En 1885  es electo representante a la legislatura de la Florida, convirtiéndose en el primer cubano americano en obtener ese cargo electoral. Posteriormente se convierte en el primer hispano y cubano al ser nombrado superintendente de escuelas en el Condado Monroe, que incluye todos los cayos.

Los conflictos laborales en Cayo Hueso hacen que muchos obreros cubanos se trasladen al área de Tampa donde se establecen muchas fábricas de tabaco. En junio de 1895 Figueredo es electo alcalde de West Tampa. Poco después renuncia a la alcaldía de West Tampa en una carta al gobernador de la Florida pues piensa que sus trabajos por la independencia de Cuba crean conflictos con su cargo. El gobernador rechaza su renuncia diciendo que su trabajo a favor de Cuba honra al de alcalde de West Tampa.

Ganada la independencia de Cuba renuncia definitivamente a la alcaldía a finales de diciembre de 1898 y regresa a su patria de nacimiento. El gobernador militar de Cuba Leonardo Wood lo nombra Secretario de Estado y Gobernación. Figueredo participa en la Convención Constituyente de 1901. El  primer presidente de Cuba Tomás Estrada Palma lo escoge Director General de Comunicaciones en 1902 y dos años después lo nombra Intendente General de la República.

Durante la segunda intervención militar de Estados Unidos en 1906, el gobernador Charles E. Magoon lo escoge Tesorero General de la República, cargo que ocupa por varios años. Durante estos años de vida pública tan activa este ilustre camagüeyano tiene tiempo para escribir libros de historia. Aparte de los ya mencionados, Figueredo escribió Pedro Figueredo y Elogio del General José Miró Argentes. También escribió poesías.

Rodeado de su numerosa familia de nueve hijos y muchos nietos muere en la Habana el 13 de abril de 1929 a la edad de 83 años. Fernando Figueredo Socarrás  fue un gran patriota e historiador cubano que también sirvió a esta nación durante sus largos años de exilio. Fue el compañero de Carlos Manuel de Céspedes y de Antonio Maceo, ayudó a José Martí en la organización  del Partido Revolucionario Cubano y sirvió en altos cargos públicos a los gobernadores norteamericanos de Cuba y a los primeros presidentes cubanos. Al mismo tiempo participó en la política y el gobierno de la Florida y dirigió las escuelas públicas de un condado. Fue un gran hombre de honor y valentía y honró y fue fiel a dos banderas, la de Cuba y la de los Estados Unidos.

Manuel Antonio de Varona Miranda

El general de división Manuel Antonio de Varona Miranda

por Frank de Varona

Manuel Antonio de Varona Miranda fue uno de los patriotas camagüeyanos que pelearon en las tres guerras de independencia de Cuba: la Guerra de los Diez Años (1868-1878), la Chiquita (1879) y la del ’95 (1895-1898). La familia Varona peleó en todas las guerras de independencia con valentía y distinción. Francisco de Varona y González  alcanzó el más alto rango del Ejército Libertador, Mayor General, y peleó en las tres guerras de nuestra independencia como Manuel Antonio de Varona Miranda. Miguel de Varona y del Castillo, hijo del filósofo Enrique José de Varona, fue comandante y ayudante de Antonio Maceo. Posteriormente fue general y  jefe del Ejército Nacional de la República de Cuba. Escipión de Varona y Agüero alcanzó el grado de comandante del Ejército Libertador de Cuba.

De acuerdo con Jorge Juárez Cano en su libro Apuntes de Camagüey 23 miembros de la familia Varona murieron solamente en la Guerra de los Diez Años. Entre los que fueron fusilados por los españoles se encuentran mi bisabuelo José Fernando de Varona y Batista y mi tío abuelo Oscar de Varona Agüero.  Varona Agüero fue fusilado en Santiago de Cuba en 1873 junto a su pariente el general Bernabé de Varona y Borrero (Bembeta), ambos de la expedición del Virginius.  Diego Esteban de Varona y Gelabert murió con su esposa Ana Josefa Agüero y de Varona en 1875 y Carlos de Varona fue fusilado en 1870.

Nació el futuro general de división del Ejército de Liberación el 1 de enero de 1856 en la finca El Aguacate cerca de Sibanicú. Manuel Antonio fue uno de los tres hijos del matrimonio de Diego de Varona del Castillo y Rufina de Miranda Agüero.

Cursó sus primeros estudios en Santa María del Puerto del Príncipe y cuando regresó a Sibanicú estalló el Grito de Yara el 10 de octubre de 1868. Entonces su padre y sus hermanos Pablo y Javier se unieron a las tropas mambisas. En 1870, Manuel Antonio, a la edad de 14 años, salió a pelear por la independencia de Cuba.

El joven Manuel Antonio combatió en las zonas de Subanicú, Minas y Nuevitas a las órdenes del coronel Nené Perdomo. Después pasó a combatir en Oriente bajo las órdenes de los generales Guillermo Moncada, Flor Crombet y el Titán de Bronce Antonio Maceo. Cuando se firmó el Pacto del Zanjón que puso fin a la Guerra de los Diez Años en febrero de 1878 Manuel Antonio, quien entonces tenía 22 años, había alcanzado el grado de teniente.

Al año siguiente comienzó la Guerra Chiquita y Manuel Antonio combatió a las órdenes de Limbano Sánchez y participó en muchas batallas. Fue herido de gravedad en un combate y capturado prisionero por los españoles, quienes lo llevaron al Castillo del Morro en Santiago de Cuba. Logró su libertad gracias a las gestiones hechas por su madre y por una camagüeyana que era la prometida del gobernador militar de Oriente.

En el exilio Manuel Antonio de Varona colaboró con patriotas cubanos radicados en países del Caribe y América Central. Vivió en Venezuela por un tiempo y en 1895 viajó a la República Dominicana. Allí se unió a los generales Serafín Sánchez y Carlos Roloff y partió en la expedición a bordo del barco James Woodal. Desembarcaron en la zona de Punta Caney y Tayabacoa en la costa sur de Las Villas en 24 de julio de 1895.

Manuel Antonio fue ascendido a capitán y recibió el mando de un batallón bajo las órdenes del general Carlos Roloff, quien era un polaco nacido en Varsovia en 1842 y que murió en Guanabacoa en 1907. Con sus soldados el capitán Varona destruyó vías férreas y puentes con el objetivo de obstaculizar el movimiento del ejército español en Las Villas. El 1 de octubre de 1895 Manuel Antonio de Varona fue ascendido a comandante y nombrado jefe del batallón Tiradores de Roloff. Su tropa combatió en las zonas de Tunas de Zaza,  Santi Spíritus, Remedios, Caibarién, Morón y Júcaro. El general Roloff fue nombrado secretario o ministro de la guerra y se despidió del comandante Varona.

El 22 de octubre de 1895 el general Antonio Maceo comenzó la marcha invasora hacia el occidente partiendo de Los Mangos de Baraguá, lugar histórico de la protesta del general Maceo ante Arsenio Martínez Campo, el capitán general de Cuba. Maceo y el general en jefe del Ejército Libertador Cubano Máximo Gómez enfrentaron con su pequeño ejército de unos 2,500 mambises a más de 100,000 soldados españoles de línea y 60,000 voluntarios. También los mambises tuvieron que cruzar por dos trochas fuertemente defendidas por una serie de fuertes.

Los españoles estaban convencidos que con la inmensa superioridad de su ejército bien equipado y armado y dirigido por los mejores generales de España con mucha experiencia en guerras en África podrían destruir al pequeño y mal equipado Ejército Libertador.

Cuando el general Maceo invadió Las Villas le pidió al comandante Manuel Antonio de Varona, a quien conocía muy bien desde la Guerra de los Diez Años, que se incorporara al ejército invasor. Manuel Antonio entonces participó con audacia y valor en combates enconados y sangrientos tales como Boca del Toro, La Colmena, La Amarilla, Coliseo y El Estante. En Calimete los cubanos perdieron la batalla y se retiraron antes de ser destruídos por completo.

Varona marchó a la vanguardia de la columna invasora del Lugarteniente General Antonio Maceo y finalizó la brillantísima hazaña de la invasión militar del occidente de Cuba, una de las más famosas marchas militares triunfales de la historia mundial, en Mantua, Pinar del Río el 18 de enero de 1896.

El Titán de Bronce llegó cuatro días después para terminar la invasión de Cuba de lado a lado. Varona fue ascendido a teniente coronel y se le nombró jefe de la zona de Mantua. Dejaron atrás miles de soldados españoles heridos y muertos que habían sido en derrotados en múltiples combates. Ardieron ingenios, cañaverales y los campos de tabaco, y de esa forma se destruyó la economía de Cuba y España.

Al finalizar la invasión de oriente a occidente el general Maceo recorrió 424 leguas en 90 días, peleó en 27 combates y ocupó 22 pueblos. El Capitán General Arsenio Martínez Campos renunció ante su fracaso al no poder detener la invasión y fue reemplazado por el “carnicero” Valeriano Weyler. El nuevo capitán general movilizó su ejército contra Maceo. El Titán de Bronce murió peleando el 7 de diciembre de 1896 en San Pedro.

La guerra continuó y el 15 de abril de 1898 Manuel Antonio de Varona obtuvo el rango de general de brigada. El 24 de agosto fue ascendido a general de división y se convirtió en uno de los 33 generales de ese rango, al igual que el camagüeyano Lope Recio Loynaz.

Una vez lograda la independencia de su patria, el general Manuel Antonio de Varona se dedicó a la agricultura en su finca con el fin de mantener a su extensa familia .El general Varona se casó dos veces. Con su primera esposa, María Cansino, tuvo dos hijos, Francisco y Pedro de Varona y Cansino. En su segundo matrimonio con María Teresa Rodríguez Parra y Quintero nacieron siete hijos María Teresa, Ana María, María Antonia, María Elena, Bernabé, Luis y Enrique de Varona Rodríguez Parra. Murió este insigne patriota camagüeyano el 6 de octubre de 1935 en La Habana a la edad de 79 años.

 

Salvador Cisneros Betancourt, Marqués de Santa Lucía

por Frank de Varona

A pesar de haber sido dos veces presidente de la República de Cuba en Armas, luchado en las dos guerras de independencia y representado su provincia en el senado republicano, a este ilustre camagüeyano, Salvador Cisneros Betancourt, no le han dedicado extensas biografías y atención como a otros patriotas. El Marqués nos impresiona y nos enorgullece por su heroísmo, sacrificios y virtudes. Abandonó riquezas, bienestar, privilegios y a su familia en la lucha por la libertad de su patria. Nació en la villa de Santa María del Puerto del Príncipe, hoy Camagüey, el 10 de febrero de 1828 en el seno de una familia noble y muy rica. Su familia era una de las más acaudaladas de Cuba siendo propietarios de muchos esclavos, fincas, colonias de caña e ingenios azucareros.
Salvador Cisneros Betancourt fue el único hijo varón de los dos matrimonios de su padre, José Agustín Cisneros, marqués de Santa Lucía. Heredó don José Agustín el título de marqués de un tío, el Presbítero Agustín Cisneros, y se lo legó a su hijo Salvador. La primera esposa de su padre fue Catalina Betancourt y Betancourt y tuvieron tres hijas, Francisca Javiera, María del Carmen y Ciriana Eusebia. Al enviudar su padre se casó con Ángeles, hermana de su primera esposa, y nacieron Salvador, Águeda y María Caridad. Viudo por segunda vez, el padre sostuvo relaciones no legalizadas con Francisca Hernández Llanes, con la que tuvo dos hijos más, Félix e Isabel, quienes fallecieron en la infancia.
Muy joven Salvador Cisneros fue enviado a estudiar a Filadelfia, Estados Unidos por unos cinco años. Estudió ingeniería y aprendió a vivir en libertad en una democracia. Al regresar a Puerto Príncipe en 1846 a la edad de 18 años se enteró que su familia quería que se casara con Micaela Betancourt y Recio, hija de su tío Gaspar. Se rebeló contra esos planes pero en una visita a una finca vio a su prima Micaela, que tenía solamente 16 años. Como él mismo confesó años después, Micaela tenía “atractivos por su hermosura y candor, y no pudo por menos atraerme. No le fui indiferente, y en una hoja de naranja le hice mi declaración, a la que correspondió.”
Los primos se casaron el 12 de diciembre de 1850. Tuvieron siete hijos, José Agustín, Carmen, María Ángela, Gaspar Alonso, Ángela Gregoria, Clemencia Catalina y Clemencia Irene.
Desde muy temprano Cisneros Betancourt se opuso al abuso del colonialismo español y a la opresión que sufrían los cubanos. La falta de derechos de los nacidos en Cuba y la forma arrogante y despótica de gobernar a los cubanos hizo que Salvador se uniera muy pronto a los separatistas.
Según su propio testimonio estuvo involucrado en la conspiración de Joaquín de Agüero y Agüero en 1851, que terminó con el fusilamiento de Agüero y otros patriotas camagüeyanos. Tenía 23 años y unos cinco meses de casado cuando fue arrestado en su casa el 4 de mayo de 1851, encarcelado, enviado al Morro de La Habana y deportado. Al llegar a España se fue a los Estados Unidos y a pesar del peligro regresó a Puerto Príncipe.
Fue electo alcalde de Puerto Príncipe, cargo que desempeñó con gran honestidad. Siendo rico fue generoso con todas las obras de caridad de su ciudad natal, lo que aumentó la admiración que todos le tenían. Fundó el Cuerpo de Honrados Bomberos de Puerto Príncipe y fue su comandante. Prestó servicios gratuitos de bombero hasta la época republicana. Fue presidente de la Sociedad Filarmónica de su ciudad natal, más tarde llamada Sociedad Liceo. Su espíritu progresista y emprendedor hizo que participara en las ferias ganaderas y agropecuarias. Cisneros donó los terrenos de esas ferias a Puerto Príncipe, que fueron destinados a un parque de recreo, hoy conocido como Casino Campestre. Parte de este extenso terreno fue cedido a sociedades de recreo y allí eventualmente se instalaron el Club Atlético Bernabé de Varona, el Camagüey Tennis Club y la Sociedad Maceo. De joven yo participé en actividades deportivas y eventos sociales en estos dos primeros clubes. La Sociedad Maceo se usó para personas de color. Gracias al Marqués los camagüeyanos del exilio disfrutamos de niños o de jóvenes de este enorme parque en el medio de la ciudad y los que hoy viven en Camagüey tienen para su uso uno de los parques más grandes de toda Cuba, sino el mayor.
En junio de 1866 se organizó en Puerto Príncipe una Junta Revolucionaria compuesta por el Marqués y por Manuel Ramón Silva, Carlos de Varona Torres y otros prestigiosos principeños. Al año siguiente, constituyó con Eduardo Arteaga, la logia masónica Tínima para poder conspirar contra España. Al enterarse que en Bayamo también se preparaba una revolución, Salvador Cisneros Betancourt y Carlos de Varona fueron seleccionados para reunirse con los bayameses. En la reunión los orientales le informaron su intención de levantarse en armas el 3 de agosto de 1868. El Marqués, junto con Agusto Arango, fue seleccionado para una segunda reunión con los orientales. Hizo un viaje a caballo hasta las Tunas y de ahí a San Miguel donde se reunió con Francisco Vicente Aguilera, Francisco Maceo Osorio y Pedro Figueredo. En esta reunión acordaron en aplazar la revolución hasta 1869. Salvador Cisneros partió para La Habana para informar, entre otros, a Antonio Zambrana y al conde de Pozos Dulces.
Trabajando en La Habana para regar la semilla de la rebeldía, lo sorprendió el alzamiento de Carlos Manuel de Céspedes el 10 de octubre de 1868 en Yara. Regresó inmediatamente a Puerto Príncipe para apoyar al movimiento de independencia en Oriente. Salvador Cisneros al frente de 72 patriotas camagüeyanos se alzó el 4 de noviembre de 1868 en las márgenes del río Las Clavellinas. Ignacio Agramonte y sus amigos habaneros, como Zambrana, Sanguily y Luis Victoriano Betancourt, se unieron a los insurrectos. Algunos camagüeyanos insistieron en gestiones conciliatorias con España en una reunión en Las Minas el 26 y 27 de noviembre. Ignacio Agramonte exhortó a los patriotas a arrancarle a España, mediante la guerra, la libertad de Cuba. Salvador Cisneros también pidió por la continuación de la guerra para no permitir que los españoles concentraran todo su ejército contra los patriotas orientales.
El Marqués participó en abril de 1869 en la elaboración de la Constitución de Guáimaro y fue nombrado presidente de la Cámara de Representantes. La Constitución creó un gobierno republicano y democrático con la subordinación del poder militar a la autoridad civil. Ahí fue elegido Carlos Manuel de Céspedes presidente de la República en Armas. El Marqués participó en numerosos combates con mucha valentía y serenidad.
Al ser depuesto Carlos Manuel de Céspedes, Salvador Cisneros Betancourt fue nombrado presidente de la República en Armas el 27 de octubre de 1873, cargo que desempeñó hasta el 28 de junio de 1875. Este patriota es el único camagüeyano que ha alcanzado la presidencia de Cuba.
Como otros patriotas de la Guerra de los Diez Años, Salvador Cisneros Betancourt perdió toda su fortuna. Su extensa familia sufrió inmensamente en la guerra. Su esposa Micaela con sus hijos y muchos familiares abandonaron sus lujosas casas y comodidades y partieron a la manigua. El Marqués recordó de esta época tan difícil escribiendo “Mi familia vivía constantemente amenazada e intranquila…” Explicó “en noviembre de 1869 éramos 25 de familia…todos estaban enfermos a excepción de Micaela, mi esposa y Carmita mi hija justamente en esa misma época murieron ambas, las únicas que estaban saludables.” Su familia anduvo errante, vistiendo harapos, huyendo del ejército español y sufriendo indecibles privaciones. A la muerte de su esposa, sus hijos Gaspar, Ángela y Clemencia quedaron al cuidado de su suegra y cuñada hasta que en 1870 los adultos regresaron a la ciudad. El Marqués envió a sus hijos a la finca Hato Viejo. Por falta de alimentos su pequeña hija Clemencia murió en esa finca. Entonces el Marqués envió a su hijo Gaspar a Nueva York y a su hija Ángela a Puerto Príncipe.
A pesar de las muertes en su familia y la sangre derramada en diez años de guerra, el Marqués se opuso energicamente al pacto del Zanjón que puso fin a la Guerra de los Diez Años.
El Marqués partió hacia el exilio en Nueva York donde continuó laborando por la independencia de Cuba. En esa ciudad, viviendo en la pobreza, vendía tabacos y cigarros en un pequeño puesto para ganarse la vida.
Cuando comenzó otra vez la guerra de 1895 liderada por José Martí, Máximo Gómez y Antonio Maceo, el Marqués con 67 años volvió a pelear en la manigua. Después de la muerte de José Martí, el 19 de mayo de 1895, el Marqués fue nombrado por segunda vez presidente de la República en Armas. Desempeñó ese cargo del 13 de septiembre de 1895 al 13 de septiembre de 1897. Estuvo presente de presidente de la República en Armas cuando se redactó la Constitución en Jimaguayú. Dedicó sus esfuerzos a la formación efectiva de un gobierno civil y luchó contra la anarquía que había causado el fracaso de la Guerra de los Diez Años. Con la intervención de los Estados Unidos y secundados por el ejército mambí, España fue derrotada en 1898.
El Marqués, siendo un patriota y nacionalista, se preocupó mucho por la soberanía de Cuba. Durante la intervención de los Estados Unidos fue electo por Camagüey como delegado a la Convención Constituyente donde participó en la preparación de la primera constitución de la república. Se opuso energicamente a la Enmienda Platt diciendo “…se va en oposición de su independencia absoluta…Cuba, aún cuando le pese a alguno, tendrá su soberanía y su independencia absoluta, cumpliéndose el juramento de independencia o muerte…” Pero por un voto de 15 a 14 de los cubanos de la Asamblea incluyeron en la Constitución de 1901 la Enmienda Platt que le daba a los Estados Unidos el derecho de intervenir en los asuntos internos de Cuba. Esto se debió a la amenaza de los Estados Unidos a prolongar su intervención militar en Cuba al no ser que esta enmienda fuera incluida en la nueva constitución cubana. No sería hasta el año 1934 que Franklin Delano Roosevelt la abolió y Cuba obtuvo su soberanía completa.
Al inicio de la república, el 20 de mayo de 1902, el Marqués fue electo por su provincia de Camagüey senador sin pertenecer a ninguno de los partidos políticos. El fracaso de la república y la segunda ocupación de Estados Unidos llevó al Marqués a fundar la Junta Patriótica para agrupar a cubanos y salvar la República.
Un año antes de morir creó el Comité Pro-Abolición de la Enmienda Platt. Salvador Cisneros Betancourt fue unos de los camagüeyanos más ilustres y generosos de nuestra historia. Vivió con honor y hasta el último momento, a edad muy avanzada, defendió enérgicamente la soberanía y los intereses sagrados de la patria. Murió en La Habana el 28 de febrero de 1914, a la edad de 86 años. Dejó parte de su fortuna al Consejo Territorial de Veteranos de Camagüey y a otras obras benéficas. Su ciudad nombró una calle y un colegio en su honor y la República de Cuba imprimió un billete de 500 pesos del Banco Nacional de Cuba con su imagen. Fue un patriota de gran integridad y honestidad y es orgullo de todos los camagüeyanos.

Carlos Finlay

por Frank de Varona

Carlos Juan Finlay de Barrés nació en Camagüey, Cuba, el 3 de diciembre de 1833. Cien años después de su nacimiento se escogió el día del cumpleaños del descubridor de la cura de la fiebre amarilla para honrar a los  médicos en las Américas. Finlay estudió en Francia de joven y más tarde se graduó en el Colegio de Medicina de Jefferson en Filadelfia, Estados Unidos, en 1855. Regresó a Cuba después de su graduación y revalidó su título en la Universidad de La Habana. Practicó medicina en varios lugares en Cuba. En 1860 y 1861 hizo estudios adicionales en París.

Dr. Finlay se interesó muy pronto en encontrar la cura a la fiebre amarilla viendo cuantos miles de personas se enfermaban y se morían de esta terrible enfermedad en los trópicos. Después  de llevar a cabo cientos de experimentos durante muchos años, Finlay concluyó que el transmisor de la fiebre amarilla era un mosquito que él llamó Culex (después conocido como Stegomya Fasciata y ahora como Aëdes Aegypti.)

La teoría de Dr. Finlay de la transmisión de la fiebre amarilla a través de un mosquito fue rechazada una y otra vez durante años por congresos mundiales de salud y miles de personas continuaron muriendo de esta enfermedad. Dr. Finlay asistió a la Conferencia Internacional de Sanidad en Washington, D.C. en febrero de 1881 y presentó su teoría la cual fue rechazada. En abril de 1888 una comisión estadounidense llegó a Cuba para investigar la fiebre amarilla y Finlay una vez más presentó su teoría que fue otra vez ignorada.

Durante el primer gobierno interventor estadounidense en Cuba otra comisión sobre la fiebre amarilla fue nombrada por el gobierno de los Estados Unidos e incluyó a los doctores Walter Reed, James Carroll, Arístides Agramonte y Jesse Lazear. Dr. Walter Reed, quien era el presidente de esta comisión, como otros médicos anteriores, no le prestó atención a la teoría de Finlay y se preparó para irse de Cuba. Sin embargo un evento hizo que tuviera que aplazar el viaje de regreso. El 31 de julio de 1900 Dr. Finlay estaba visitando a un joven médico naval. Dr. John Ross, quien había sido nombrado director del hospital Las Animas. Una vez más Dr. Finlay le dijo a su amigo Dr. Ross que para terminar con la fiebre amarilla todo lo que había que hacer era separar a los enfermos del mosquito Stegomya. Dr. Ross le preguntó, “¿Cómo usted se puede explicar que en este hospital nadie se ha contagiado trabajando con tantos pacientes que tienen fiebre amarilla y con tantos mosquitos?” Finlay le respondió: “Fumigue este edificio y mañana le probaré a usted que el mosquito Stegomya Fasciata no está presente en este lugar.” Al día siguiente después de fumigar concentraron cientos de miles de mosquitos muertos en el piso y en los muebles. Sin embargo ninguno de ellos era el mosquito que Finlay decía que era el transmisor de la fiebre amarilla.

El Dr. Ross convencido de que Finlay estaba correcto fue a ver al General Leonardo Wood, gobernador de Cuba, a explicarle lo sucedido en su hospital. El General Wood tenía una cita ese mismo día con Dr. Walter Reed. El general le pidió al Dr. Reed que examinara le teoría del Dr. Finlay y éste le contestó: “General, esa idea no tiene fundamento científico. Además, ya hemos gastado todos los fondos.” El General Wood ordenó que se transfirieran $10,000 de otra cuenta y le ordenó a Dr. Walter Reed que trabajara con Dr. Finlay.

Al Dr. Finlay se le pidió su colaboración y éste le dijo a uno de sus amigos:

Al fin confirmarán la teoría del mosquito. ¡Cuánto la ciencia se beneficiará! He esperado 19 años por este momento, pero al fin vamos a derrotar el dolor y la muerte causada por la terrible fiebre amarilla y el progreso no se detectará ante este implacable enemigo.

Dos médicos, Dr. Carroll y Dr. Lazear, se dejaron picar por el mosquito Stegomya y ambos se enfermaron. Dr. Lazear murió a los diez días. Al fin se escuchó a Dr. Finlay, aunque en ninguno de los reportes oficiales de la comisión estadounidense se incluyó su nombre. Dr. Reed se cogió la fama de ser el destructor de esta terrible enfermedad y en muchos libros aparece su nombre como tal.

El gobierno interventor de Estados Unidos ordenó la destrucción de este mosquito a través de Cuba y se erradicó esta terrible plaga. Dr. W.C. Gorgas hizo igual en Panamá lo cual permitió la construcción del canal interoceánico.

En Cuba Dr. Finlay fue honrado por la Academia Cubana de Ciencias y por el General Leonardo Wood. El gobierno de Cuba lo nombró Jefe de Sanidad y Presidente de la Junta Superior de la misma. Dr. Finlay murió en La Habana, Cuba, el 20 de agosto de 1915 reconocido por todos los cubanos como un gran científico. Después de su  muerte fue reconocido por varios congresos internacionales de medicina como el verdadero descubridor de la transmisión de la fiebre amarilla a través del mosquito.

Existen numerosos monumentos por todo el mundo en memoria de este insigne científico camagüeyano y en París hay una calle que lleva su nombre. Hoy en día los médicos cubanos honran la memoria de este gran científico cubano que a pesar de que sus teorías fueron rechazadas e ignoradas durante años nunca cesó de insistir que él tenía la cura de esta horrible enfermedad. Gracias a él la humanidad se libró de una terrible plaga.

Ana Betancourt

Patriota cubana y defensora de los derechos de la mujer
por Frank de Varona

Ana Betancourt nació en la ciudad de Santa María del Puerto del Príncipe, actualmente Camagüey, el 2 de febrero de 1832 en una familia rica y de gran abolengo. Al pasar de los años se convirtió en una joven preciosa de ojos negros. Su familia le dio la educación de la época para mujeres y así aprendió tejidos, bordados, cocina y otras actividades del hogar.

Ana Betancourt conoció al joven Ignacio Mora de la Pera, quien como ella provenía de una distinguida familia camagüeyana. Contrajo matrimonio con Ignacio a los 22 años el 17 de agosto de 1854 en la iglesia de la Soledad. Ignacio quiso que su esposa estudiara y Ana aprendió inglés y francés, leyó muchos libros de literatura, convirtiéndose así en una mujer muy culta.

Ana Betancourt convirtió su casa de Camagüey en un centro de conspiración para lograr la independencia de su patria. Redactó proclamas, arengó a los hombres y cooperó a la causa de independencia de tal forma que Augusto Arango la nombró Agente del Comité Revolucionario de Puerto Príncipe.

El Dr. Emeterio Santovenia (1889-1968) en su libro Huellas de gloria (1928) escribió lo siguiente sobre Ana: “Lanzado los camagüeyanos a la guerra se puso en manifiesto la entereza de Ana Betancourt. Tuvo noticias del general español Balmaseda que quería obtener el sometimiento de los insurrectos…Envió una carta magnífica a su esposo…Les advirtió como debían responder a los emisarios de Balmaseda porque caminando el mundo hacia la democracia, no podía tener sino la forma americana comprensiva de la libertad política, moral, religiosa y económica”.

Su esposo, Ignacio Agramonte y otros patriotas camagüeyanos respondieron al Grito de Yara de Carlos Manuel de Céspedes y partieron a luchar por la libertad de Cuba en noviembre de 1868. Ana al despedirse de su esposo le dijo: “Por ti y por mi, lucha por la libertad”. El 4 de diciembre de 1868 Ana partió para la manigua a unirse con su esposo y los otros patriotas insurrectos. Les ayudó a escribir y corregir las proclamas revolucionarias que se publicaban en el periódico El mambí.

En abril de 1869 se celebró en Guaímaro la primera Asamblea Constituyente de la República de Cuba con la asistencia de patriotas de Oriente, Camagüey y Las Villas. Al terminar las sesiones, Ana pidió hablar y dijo lo siguiente: “Ciudadanos: la mujer cubana en el rincón obscuro y tranquilo del hogar esperaba paciente y resignada esa hora sublime en que una revolución justa rompe su yugo y le desata las alas…Vosotros queréis destruir la esclavitud de la cuna, peleando hasta morir si es necesario. La esclavitud del color no existe ya, habéis emancipado al siervo. Cuando llegue el momento de libertad a la mujer, el cubano que ha echado abajo la esclavitud de la cuna y le esclavitud del color, consagrará también su alma generosa a la conquista de los derechos de la que es hoy en la guerra su hermana de caridad, abnegada, que mañana será, como fue ayer, su compañera ejemplar”.

El Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes, la felicitó efusivamente. Ana Betancourt se convirtió en ese día, adelántandose a su tiempo, en la defensora de los derechos de la igualdad de la mujer. Los historiadores cubanos consideran a Ana Betancourt la primer líder femenina de Cuba. Los patriotas se vieron obligados a quemar Guaímaro para no rendirlo a las fuerzas superiores del ejército español.

La lucha continuó y Ana siguió compartiendo los rigores de la vida insurrecta con su esposo y los otros patriotas. En julio de 1871 en La Rosalía, en el Chorrillo, Najasa, los españoles los sorprendieron. Ana ayudó a escapar a su esposo pero a ella se la llevaron presa a un campamento cerca de Santa Cruz del Sur. Desde ese día Ana quedó separada para siempre de su adorado Ignacio Mora. Debido a la dura vida en el campo y en la interperie, se enfermó de reuma. A Ana la amenazaron de ser fusilada sino le escribía a su esposo para que se entregara, pero ella se negó hacerlo. Sufrió todo tipo de abusos e insultos.

Meses después los españoles deportaron a Ana en octubre de 1871 y partió a bordo del barco City of Merida hacia Nueva York. Más adelante viajó a Jamaica en 1872 donde trabajó de maestra enseñando a niñas cubanas. Partió después a El Salvador a dirigir una escuela. Allí recibió una carta de su esposo que le decía: “Bien, mi Anita, principias a recoger el fruto de tu bella inteligencia”. Debido a los temblores de tierra y terremotos de El Salvador Ana regresó a Jamaica. En noviembre de 1875 recibió la triste noticia del fusilamiento de su adorado esposo por los españoles.

Ana regresó a Cuba por un tiempo, pero una hermana le pidió que se mudara con ella en Madrid. En el seno del imperio español continuó su conspiración por la libertad de Cuba. Recogió dinero para ayudar a la lucha y reportó la salida de las tropas españolas. Estableció contactos con su sobrino, el patriota Gonzalo de Quesada. En Madrid, consiguió el Diario de Campaña de su esposo el cual lo copia por completo con gran dolor. Cuando estaba haciendo planes para regresar a Cuba, se enferma y muere en Madrid el 7 de febrero de 1901.

El gobierno opresor comunista de Cuba trajo sus restos de Madrid y con el tiempo construyó en 1982 un mausoleo de doce metros de altura localizado en el centro de la ciudad de Guaímaro donde ella abogó por los derechos de las mujeres.

Ernesto Lecuona

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(August 6, 1895 Guanabacoa, Havana, Cuba – November 29, 1963 Santa Cruz de Tenerife, Canary Islands, Spain)

Ernesto Lecuona y Casado was a Cuban composer and pianist of Canarian father and Cuban mother, and achieved worldwide fame performing all over the world. He composed over six hundred pieces, mostly in the Cuban vein, and was a pianist of exceptional quality, having learned piano by the age of 5 and graduated from the National Conservatory of Havana with a Gold Medal for interpretation when he was just sixteen.

He first travelled to Spain in 1924 on a concert tour with violinist Marta de la Torre; his successful piano recitals in 1928 at Paris coincided with a rise in interest in Cuban music.

He was a prolific composer of songs and music for stage and film. His works consisted of zarzuela, Afro-Cuban and Cuban rhythms, suites and many songs which are still very famous. They include Siboney (Canto Siboney), Malagueña and The Breeze And I (Andalucía). In 1942, his great hit, Always in my heart (Siempre en mi Corazon) was nominated for an Oscar for Best Song; however, it lost to White Christmas. Lecuona was a master of the symphonic form and conducted the Ernesto Lecuona Symphonic Orchestra, employing soloists including Cuban pianist and composer Carmelina Delfin. The Orchestra performed in the Cuban Liberation Day Concert at Carnegie Hall on October 10, 1943. The concert included the world premiere of Lecuona’s Black Rhapsody. Lecuona gave help and the use of his name to the popular touring group, the Lecuona Cuban Boys, though he did not play as a member of the band. He did sometimes play piano solos as the first item on the bill.

In 1960, thoroughly unhappy with Castro’s new régime, Lecuona moved to Tampa. Lecuona lived his final years in the US. He died 3 years later at Santa Cruz de Tenerife at age 68, and is interred at Gate of Heaven Cemetery in Hawthorne, New York; his will instructs that his remains be repatriated once the current régime runs its course. A great deal of Lecuona’s music was first introduced to mass American audiences by Desi Arnaz, a fellow Cuban and Lucille Ball’s spouse.
Ernesto Lecuona
circa 1935

Lecuona’s talent for composition has influenced the Latin American world in a way quite similar to George Gershwin in the United States, in his case raising Cuban music to classical status.

Ernesto and Ernestina’s cousin Margarita Lecuona was another accomplished musician and composer. She was the author of the song “Babalú”, made popular in the Latin American world by Miguelito Valdés, and in the United States by Desi Arnaz (who, contrary to popular folk lore, did not write the song).

Eternal Cuba con Enrique Chia

Explore the island’s heritage with Cuban pianist Enrique Chia. A look into Cuba’s musical and architectural heritage.